Este es uno de los motivos de consulta que más me llegan, muchas veces derivados por el propio ortodoncista. Un diente que nunca salió, y que aparece «escondido» cuando se hace una radiografía. Si es tu caso, o el de tu hijo o hija, quiero explicarte con calma qué significa, por qué pasa y qué opciones reales tienes, antes de que decidas nada.
Un diente incluido es un diente que, por el motivo que sea, se quedó dentro del hueso o de la encía y nunca llegó a salir por sí solo, más allá del tiempo en el que debería haberlo hecho. No es lo mismo que un diente ausente, el diente existe, está formado, pero no ha conseguido abrirse camino hasta su posición en la boca.
El caso más habitual que veo en consulta es el del canino superior, ese «colmillo» que normalmente sale entre los 11 y los 13 años. Pero también me encuentro con premolares, incisivos, e incluso dientes supernumerarios, que son piezas de más que a veces bloquean a las que sí deberían salir.
En mi experiencia, suele deberse a una combinación de estos factores:
Cuando veo un caso así, lo primero que hago es entender cuál de estos motivos está detrás, porque de eso depende el tratamiento que te voy a proponer.
Aquí quiero ser claro contigo, no todo diente incluido se extrae. Es una decisión que tomo caso por caso, casi siempre junto con tu ortodoncista, y depende de la posición del diente, de su estado y de tu edad.
Cuando planteo la tracción ortodóncica
Si el diente está en una posición razonable y su raíz está sana, muchas veces la mejor opción es exponerlo quirúrgicamente y colocar un pequeño dispositivo para que el ortodoncista lo vaya guiando hasta su lugar en el arco. Es un trabajo en equipo entre cirugía y ortodoncia.
Cuando planteo la extracción
Hay situaciones en las que extraer es lo más razonable. Cuando el diente está en una posición que hace inviable traerlo a su sitio, cuando ha provocado un quiste, cuando pone en riesgo la raíz de los dientes vecinos, o cuando se trata de un diente supernumerario que no tiene que ocupar ningún lugar en la boca. En esos casos, te lo explico igual de claro, extraerlo no es un fracaso, es la opción que mejor protege el resto de tu dentadura.
1. Estudio con imagen 3D
Antes de proponerte nada, quiero ver exactamente dónde está el diente, cómo está orientado y qué relación tiene con las raíces vecinas y con estructuras como el nervio o el seno maxilar. Para eso me apoyo en radiología 3D, así te explico tu caso con una imagen real, no solo con palabras.
2. Valoración conjunta si hay ortodoncia de por medio
Si tienes un tratamiento de ortodoncia en marcha, o vas a empezarlo, coordino contigo y con tu ortodoncista qué opción tiene más sentido tracción o extracción.
3. La cirugía
Trabajo con anestesia local en la gran mayoría de los casos. Accedo a la zona con el menor trauma posible para el hueso y la encía, y si la decisión es la extracción, retiro el diente completo; si es tracción, coloco el dispositivo para que el ortodoncista continúe el proceso.
4. Después de la cirugía
Te explico en el momento, y por escrito, qué esperar en los días siguientes, qué es normal sentir, qué comer y cómo cuidar la zona mientras cicatriza.
Si en algún momento notas fiebre, dolor que en vez de bajar sube, o inflamación que no cede, quiero que me lo digas, no es lo esperable, pero prefiero revisarlo a que lo dejes pasar.
Llevo más de quince años dedicado a la cirugía oral y la implantología, formado en la Universidad Central de Venezuela, y después en España, en la Universidad Cardenal Herrera y en la Universidad de Sevilla. He tratado bastantes casos de dientes incluidos, y algo que he aprendido en todo este tiempo es que un diagnóstico claro vale más que cualquier prisa por operar.
Por eso, cuando te sientes conmigo en consulta, mi objetivo no es convencerte de una cirugía. Es que entiendas exactamente qué está pasando en tu boca, o en la de tu hijo o hija, y que decidas con toda la información delante.
No. Muchas veces la mejor opción es exponer el diente quirúrgicamente y guiarlo con ortodoncia hasta su posición. La extracción se plantea cuando la posición del diente, un quiste asociado o el riesgo para las piezas vecinas hacen que traerlo a su sitio no sea lo más recomendable.
Lo más habitual es detectarlo entre los 10 y los 14 años, cuando el diente definitivo tarda en salir y el dentista u ortodoncista pide una radiografía para ver qué está pasando. También puede diagnosticarse en adultos, en revisiones o estudios de ortodoncia.
La cirugía se realiza con anestesia local, por lo que no deberías sentir dolor durante la intervención. Las molestias posteriores se controlan bien con la medicación pautada.
Si el diente incluido puede recuperarse con tracción ortodóncica, sí: la decisión se toma junto con tu ortodoncista, porque va a ser quien guíe el diente una vez yo lo exponga quirúrgicamente.
Depende del caso: puede quedarse sin dar problemas durante años, pero también puede favorecer la formación de un quiste o dañar la raíz de los dientes vecinos. Por eso conviene valorarlo, aunque no siempre signifique operar de inmediato.
Antes de decidir nada, pide una cita conmigo. Vemos juntos las imágenes, te explico con calma qué está pasando y qué opciones tienes, sin ninguna presión.